La Luz del Mundo

Desde mi escritorio

En septiembre de 2017 el huracán María tocó las costas de Puerto Rico. A su paso no solo dejó destrucción, dejó también oscuridad. El servicio eléctrico se vio colapsado en su totalidad. La situación que se vivió por meces fue triste y desesperante, pero al final llegó la luz a los hogares. De igual manera, hace muchos años hubo una catástrofe en el mundo. El pecado del ser humano lo condujo a una separación en su relación con Dios y por consiguiente el mundo se sumió en una terrible oscuridad. Pero Dios, en su infinito amor y misericordia nos ofreció una luz para el mundo. En el hermoso prólogo del evangelio de Juan nos habla de esa luz. El escritor muestra esa luz desde la eternidad utilizando el término filosófico griego de “logos”. (Las versiones como RVR, DHH, BJ, entre otras, lo traducen utilizando los términos “Verbo” o “Palabra”). Para los griegos el “logos” era algo distinto a Dios. En su sistema filosófico veían al logos como una creación de Dios. Entendían que Dios, por ser espíritu, no podía encarnarse en un cuerpo humano “Por eso, Dios creó otro poder o esencia para servir como mediador entre el mundo bueno del espíritu y el mundo contaminado de la materia” (Blank 1999).

El escritor del evangelio de Juan va sobre la filosofía griega y explica que ese logos era desde el principio, estaba con Dios, y más que eso, el logos era Dios mismo. En ese logos estaba la vida y la luz de los seres humanos. En Juan 8: 12 muestra el relato de la mujer hallada en adulterio. Jesús en su conversación con ella le revela lo siguiente; “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. En Juan capítulo nueve se muestra el relato del siego de nacimiento. La teología de este relato muestra a Jesús, el Cristo de Dios, como la luz que es enviada a un mundo en oscuridad. El salmista exclamó; “Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados” Salmo 34: 5.
Lo más hermoso de todo es que en Cristo Jesús estamos seguros. En Juan 1: 5 dice que; “Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla” (NVI). ¡Aleluya! Jesús es la luz que Dios envió para que nos guiemos por las tinieblas de este mundo. Al igual que en el desierto el pueblo de Israel fue guiado en las noches por la luz que provenía de la columna de fuego, así nos debemos dejar guiar por la luz de Cristo. De lo contrario nos perderemos en el camino.
Pastor Luis E. Pérez Cruz, Th.M. mayo 2021
IDDPMI Mora, Isabela